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Los Colaboracionistas

La Sombra del Nuevo Siglo:

El Colaboracionista Contemporáneo como Palanca Ideológica

Vidkun Quisling in 1919
Vidkun Quisling: founder of the Norwegian Fascist Party in 1933

El "Colaboracionista" Contemporáneo como Palanca Ideológica

El término "colaboracionista" tiene sus raíces históricas enterradas en el barro de los conflictos y las ocupaciones. Etimológicamente, deriva simplemente de colaborar, pero su significado político fue trágicamente redefinido durante la Segunda Guerra Mundial. Con la ocupación nazi, el colaboracionismo se convirtió en el acto de cooperar política, económica o militarmente con el invasor enemigo (como el execrado caso del régimen de Vichy en Francia o Vidkun Quisling en Noruega).

En esencia, los "colaboracionistas" cooperan y se someten a entidades que comprometen la soberanía y los intereses de su propia nación.

Este precedente histórico establece una verdad crucial: el colaboracionista no es un enemigo externo, sino un agente interno que socava el Estado y la sociedad desde dentro, ya sea por beneficio ideológico, oportunismo o pura sumisión.

Hoy, Europa no está bajo ocupación militar manifiesta, pero se encuentra en el centro de una guerra híbrida e ideológica. En este nuevo escenario, la figura del colaboracionista reaparece, despojada del uniforme pero armada con teorías y narrativas divisivas.

Para comprender esta figura, se puede recurrir a un amargo postulado socio-ideológico:

Una fórmula amarga se oculta en los pliegues de la humanidad: la esterilidad del discernimiento es terreno fértil para el colaboracionista — aquel que, en una única síntesis perniciosa, reniega de la razón científica negando vacunas y cambio climático, rinde homenaje al eje despótico Putin-Trump y desconoce la civilización europea que lo acoge.

Esta fórmula revela su triple toxicidad:

1. La Abnegación de la Razón Científica

El primer rasgo distintivo del colaboracionista contemporáneo es el claro rechazo a la experiencia y la verdad factual. Esta negación se manifiesta virulentamente en temas cruciales para la seguridad colectiva y el futuro del planeta.

  • Antivacunas: La negación de la validez de las vacunas no es mero escepticismo médico, sino un ataque directo a la confianza en las instituciones sanitarias y la investigación, causando daño a la salud pública — un interés fundamental del Estado.
  • Negacionismo Climático: El rechazo del consenso científico sobre el cambio climático sabotea los esfuerzos concertados de Occidente para la transición ecológica y proporciona indirectamente oxígeno a economías basadas en combustibles fósiles, a menudo gestionadas por regímenes que el eje autoritario pretende favorecer.

2. La Adoración del Eje Despótico

El segundo elemento es la alineación abierta o implícita con figuras y regímenes que representan una amenaza para el orden liberal y democrático. El homenaje rendido al eje despótico Putin-Trump no es una simple preferencia política, sino la adhesión a un modelo que:

  • V. Putin representa el autoritarismo puro, la negación de la soberanía de los pueblos (como en Ucrania) y la desestabilización de la Unión Europea a través de campañas de desinformación.
  • D. Trump encarna el ataque sistemático a las instituciones democráticas occidentales y la amenaza de abandonar las alianzas históricas (OTAN), comprometiendo la unidad y seguridad del bloque europeo.

En ambos casos, el colaboracionista moderno actúa como una palanca ideológica, amplificando narrativas que dividen Europa y paralizan su capacidad de respuesta unitaria.

3. Ingratitud y Desprecio por la Civilización Anfitriona

El rasgo final es la despreciable ingratitud hacia el sistema que les garantiza libertad y prosperidad. Los colaboracionistas operan dentro de la democracia europea (a menudo utilizando las herramientas de la libertad de expresión para deslegitimarla) en nombre de fuerzas que no ofrecen ni libertad ni prosperidad. Desprecian el "plato" europeo hecho de derechos, solidaridad y progreso científico, prefiriendo la sombra de modelos despóticos que, en otros lugares, reprimen toda forma de disidencia.

El Colaboracionista Contemporáneo no traiciona al Estado con armas, sino con ideas tóxicas. Al usar la libertad de la que disfruta para destruir la confianza en la ciencia, las instituciones y los valores democráticos europeos, abre las brechas que los actores externos (principalmente el eje Putin-Trump) pueden explotar. Reconocer esta figura y su perniciosa síntesis ideológica es el primer paso para defender la solidez democrática y la razón en el corazón de Europa.

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